Se cumplen 20 años de la muerte de una de las mujeres más importantes del siglo XX: Diana Spencer, Princesa de Gales y princesa de pueblo, como sería apodada popular y cariñosamente. Indiscutible icono de la moda, aun hoy son recordados muchos de sus maravillosos estilismos (sobre todo los de su etapa post-separación). Antítesis de las princesas de cuentos de hadas, Diana de Gales fue una princesa real –sin final feliz– que supo alejarse de los copetes de Palacio para involucrarse, literal y personalmente, en distintas causas humanitarias. Su imagen sirvió para poner en el foco mediático en temas como el sida, las drogas, la hambruna o las minas antipersonas (por este último recibiría el Premio Nobel de la Paz en 1997), entre otras.

De estilo romántico y volúmenes ampulosos, el vestido de
lady Diana conquistó la imaginación de las mujeres
de la recién estrenada década de los ochenta.
– Charo Mora Solanilla–

29 de julio de 1981, Catedral de San Pablo en Londres. Una joven aristócrata de tan sólo 20 años contraía matrimonio con Su Alteza Real el Príncipe Carlos, heredero a la corona Británica, ante la minuciosa mirada de 3.500 invitados y la atención expectante de 750 millones de personas en todo el mundo, que vieron el enlace retransmitido por televisión. De hecho, expertos acusan el éxito rotundo de su vestido de novia al papel jugado por los medios. A los pocos días del enlace, ya se vendían versiones del mismo.

La Princesa Diana de Gales el día de su boda, con vestido de David y Elizabeth Emanuel.

 

El contradictorio vestido de novia
de Diana Spencer.


 

Sí, el vestido de novia de lady Diana es uno de los más contradictorios de todos los vestidos de las royals weddings. Tan recordado como detestado, su vestido fue un preludio de todos los excesos que acometería la moda de los años ochenta. Hay quién lo defiende alegando precisamente la época –por lo que habría que mirarlo con ojos ochenteros– pero lo cierto es que este vestido rompió con las pautas que marcaban las pasarelas en ese momento (¡Veníamos de los años 70!). Sus diseñadores David y Elizabeth Emanuel, buscaban algo “adecuadamente dramático para hacer impresión (…) y cayera en la historia” y lo consiguieron, a pesar del fallo.

Sí, el vestido de novia más mediático del mundo (con permiso de Grace Kelly) tuvo el mundano fallo de arrugarse. El volumen de la falda y los casi 8 metros de interminable cola, no entraban debidamente en la carroza cerrada que llevó a la novia, y su padre, hasta la Catedral. (¿Sabes la imagen de las novias gitanas? ¡Pues Diana marcó la tendencia! jajaja). Los diseñadores no contemplaron ese detalle y el resultado fue un vestido de novia con arrugas.

Hay una cita, recogida en la Wikipedia, que lo describe (acertadamente) como:

El vestido era un miriñaque, un símbolo de grandiosidad,
un merengue bordado con perlas y lentejuelas.

Si el secreto mejor guardado de toda novia es su vestido, el de Diana fue un secreto de estado. El diseñador David Enamuel confesaría hace algunos años que rompió el boceto del vestido nada más enseñárselo a la princesa, y que, incluso, se confeccionó un segundo vestido de ‘emergencia’ por si se filtraba algún detalle del primero. Lo que fuera para resguardar el misterio.

Diana de Gales junto a la Reina Isabel II y sus pajes en el Palacio de Buckingham.

 

8 metros de cola, 10 mil perlas bordadas
y un gran ramo de novia en cascada.
Todo en Diana se convertía en acontecimiento.


 

La periodista Charo Mora Solanilla, en el libro de Pronovias: ’50 años vistiendo los sueños’, lo describe más como un vestido “inspirado en una novela del siglo XIX, al más puro estilo victoriano. Tan sólo el cabello, que lady Diana llevaba corto, ponía el reloj en la hora según los dictados estilísticos del momento. Un guiño audaz que le otorgaba el aspecto de la versión más contemporánea de la princesa de cuento.”

El vestido de novia Diana Spencer era un diseño voluminoso de gran falda y mangas abullonadas, escote con volantes y cola de casi 8 metros de largo (que por suerte se desmontaba, ya que en las fotos realizadas dentro del Palacio de Buckingham la larguísima cola ya no aparece); confeccionado en tafetán de seda marfil, encaje antiguo y bordado con lentejuelas y más de diez mil perlas. Todo “muy inglés”, ya que todos los tejidos con los que se confeccionó provenían de artesanos tradicionales ingleses.

Tan sólo el cabello, que lady Diana llevaba corto, ponía el reloj
en la hora según los dictados estilísticos del momento.
Un guiño audaz que le otorgaba el aspecto de la versión
más contemporánea de la princesa de cuento.
– Charo Mora Solanilla–

Como complementos, la princesa lució la tiara Spender, una joya perteneciente a su propia familia y que luciría en muchas más ocasiones, junto a un velo corto o tipo blusher. Como curiosidad, Diana entró velada a la ceremonia y la tiara estaba colocada sobre el velo. A su salida, la princesa había retocado su peinado, de forma que el velo estaba hacia atrás y la tiara seguía visible.

Su anillo de compromiso, un impresionante zafiro de 18 quilates rodeado de diamantes, que hoy en día lleva su nuera Kate Middleton, junto a unos discretos pendientes, fueron las únicas joyas que completaban el look de novia de aquella joven Diana que estaba a punto de convertirse en uno de los iconos de la moda del siglo XX y uno de los personajes más recordados de nuestra historia reciente. Y sí, también por su opulento vestido de novia.

Este cartel tal ‘hecho a mano’ adornada la carroza de la pareja real camino a su luna de miel.

 

750 millones de personas atentos a la elección de una novia, no cualquiera, cierto, pero aún así poniendo la lupa sobre cada detalle de su vestido de novia. Expectativas y una presión (mediática) difícil de asumir para cualquier persona, pero que Diana Spencer conquistó con su elegancia simple y timidez evidente. Y es que a veces estilo y belleza se encuentra en la espontaneidad, aunque está parezca frágil. Una mujer que no nació en la realeza, pero que su pueblo coronó como su reina de corazones.

¡Fin!

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