Este 26 de julio es el ‘Día de los abuelos’ en muchos países del mundo y, la verdad, es que ya hay muchos medios y reportajes analizando el papel de los abuelos en la actualidad, de cómo las familias dependen de los abuelos para el cuidado de los hijos, etc, etc. Así que no, yo no pienso hacer eso. Quiero hablar de lo que nuestros abuelos merecen: sentimientos, emociones, momentos, recuerdos… y bodas. Intenciones que creo quedan plasmadas a la perfección en la foto de la portada, la de Margot junto a su abuela el día de su boda.

Han pasado 10 años desde el día de mi boda y aún hoy, entre mis recuerdos favoritos, están los momentos que nos dejaron mis abuelos. Rieron, lloraron, bailaron y disfrutaron como el que más. Recuerdo que días antes, mi padre y mi tía debatían sobre quién se iría con los abuelos –acostumbrados a estar ya en la cama a las diez– en el primer autobús de regreso a casa. ¡Ninguno!

Cuando preguntaron a mi güelu
si se quería ir, este respondió:
“Es la boda de mi nieta, así que no me voy”.

Santiago y Lina se fueron a las 5:00 am junto con los últimos invitados, que no podían creer que mis abuelos aún siguieran en pie, con ánimos y disfrutando.

Otro de mis recuerdos –y momentos– favoritos fue cuando terminó la ceremonia. Me encontraba saludando y abrazando a los invitados, cuando me percato de que alguien iba detrás de mi en todo momento. Al girarme, vi a mi abuela sonriendo y con la cola de mi vestido en sus manos (“para que no se te ensucie” dijo), custodiándome orgullosa.

Christine junto a su abuela (y dama de honor) Betty / Foto, ©Sweetwater Portraits

 

Y sí, en este preciso instante están ya las lágrimas llenando mis ojos con el solo recuerdo. Mi abuelo falleció hace casi dos años, y mi abuela está muy malita. Que estuvieran en mi boda, que disfrutaran de ella, que fueran felices esos días con tan sólo mi felicidad es uno de los mejores recuerdos que conservo (entre los tanto que mis abuelos me han regalado a lo largo de la vida).

Mi abuela materna no pudo venir a la boda, y aún así me regaló anécdotas divertidas. Verás, mi abuela Delia vive en Venezuela y como no pudo venir le regalé una réplica en miniatura de mi álbum de fotos. Con el pasar de los meses siempre que alguien de Venezuela hablaba conmigo, solía decirme “qué guapa estabas” y cosas así. Un día, ya con la curiosidad de saber dónde me veían, le pregunté a mi primo si sabía algo y me cuenta: “¿No sabes que mi abuela tiene tu álbum de boda puesto en el salón? Lo tiene abierto, cada día le cambia la página y no hay vecino al que no se lo haya mostrado”.

Puede sonar a una horterada de abuela, lo sé, pero a mi me llena de ilusión (… y de haberlo sabido le regalaba el álbum grande, jajaja).

Las damas de honor de Christine, entre las que se encontraba su abuela Betty / Foto, ©Sweetwater Portraits

 

¿Pedirías a tu abuela ser tu dama de honor?
¡Por qué no!

Estoy segura que cada uno de nosotros guarda un especial recuerdo de nuestros abuelos en nuestras bodas (o en el día a día), pero sin duda Christine se lleva el titular. Descubrí su historia en Huffington Post, que cuando menos es de los más inusual… y hermosa.

Sí, Christine tuvo la ocurrencia de pedirle a su Nana Betty, de 89 años, ser una de sus damas de honor. Betty no sólo acepto, sino que también llevó el mismo vestido que el resto de bridesmaids y disfrutó del papel tan especial que ejerció en la boda de su nieta.

Como Nana Betty declaró:

“La vejez es solo cómo te sientes,
y me siento muy joven hoy”
Foto portada, cortesía ©Cristina Díaz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *