«Mostrar una moda con tallas más grandes». Para muchos esta frase es apología de la obesidad, cuando la realidad –gordofobias aparte– hablamos tan sólo de mostrar tallas más allá de la 34-38 o S-M (tallaje de España). Y ya no sólo es representarlas en catálogos y pasarelas, también sería un buen ejercicio de congruencia hacerlo ampliando el tallaje de la ropa que se vende en tiendas. Porque sí, hay mujeres que no encajan en las medidas que la moda y las propias marcas imponen, aunque se resistan a vestirlas. Es como un filtro, un «cuánto ha de medir» una mujer para que pueda usar nuestras prendas. Y, créeme, la realidad es que la mayoría confecciona hasta una 42; seleccionadas las que incluyen 44-46,. Más allá de la talla 48 son unicornios.

Grande no es sinónimo de obesidad, por más que el discurso se empeñe en ir por estos términos. Cualquier cosa que “supera en tamaño, importancia, dotes e intensidad a lo común y regular” es grande. Palabra de la RAE.es

La verdad es que no pretendo abordar este artículo desde la controversia, pero todos esos que suelen afear la gordura de otros y se afanan por mencionar como justificante los cientos de estudios médicos (de los que quizás solo se han leído el titular), no sólo olvidan conectar con su propia empatía y respeto hacia los demás; no solo olvidan que los trastornos de la conducta alimenticia (TCA) afectan a las personas vulnerables en los dos extremos (hacia la delgadez y la gordura), y la presión social para encajar en un físico tipo y en un canon de belleza está entre las principales causas; no sólo olvidan que el peso no define por sí solo la salud de una persona, ya que las grasas saturadas, colesterol y calorías de una hamburguesa no distingue quién se la está comiendo; también olvidan que, básicamente, todos tenemos derecho a vestirnos y sentirnos justamente identificados, y que el cuerpo de los demás no se juzga.

En la época actual donde la imagen se ha convertido en el fundamento de una sociedad dominada por las expectativas de las redes sociales, verse reflejados parece lo más natural. Y la moda parecía haberles tomado el testigo a los movimientos reivindicativos. Pero cuando espesábamos a acostumbrarnos a ver y a oír sobre Candice Huffine, Ashley Graham y otras contadas modelos plus-size que abrieron un espacio dentro de la estricta industria de la moda y la belleza… la ilusión se congelo. No digo desvanecer, porque de cierta forma ese nicho sigue abierto –y demos gracias que sea así– con nuevos rostros como Paloma Elsesser, Tess McMillan o Devyn Garcia, por mencionar a algunas, la realidad es que se está quedando en una presencia puntual. De ahí lo de llamarle cuota de participación.

Lorena Duran desfilando para Atelier Pronovias 2024.
(Fotos, ©Sara Costa / BBFW)

 

Abro un inciso. Porque muchos confunden también los términos. ‘Curvy’ hace referencia a las mujeres cuyo fisionomía no encaja en el estándar 90-60-90 (ni en el patrón real que usa la moda, que estipula la talla ideal en las modelos por debajo de estas medidas); es decir, que puede que tengan más pecho, caderas anchas, brazos más gruesos, una figura más redondeada, etc., y no por ello tener sobrepeso. Aspectos físicos que no tienen por qué definirnos al vestir pero que se etiqueta como especial. Mientras que ‘plus-size’ es toda mujer que use tallas de la 48 a la 54 (y esto tras un estudio de antropometría realizado por el Ministerio de Sanidad en 2007, pues antes las marcas etiquetaban la ropa como talla grande a partir la 42).

Lorena Durán es la modelo curvy del momento en el panorama español. He tenido ocasión de verla en persona, en un fitting de Lorena Formoso, y es una niña preciosa y con un cuerpo espectacular. Pero tenemos que llamarla ‘cuota’. Ese cupo de diversidad corporal que algunas firmas buscan cumplir. Ha posado para el archifamoso especial anual de trajes de baño de la revista Sposts Ilustrated. En la Barcelona Bridal Fashion Week del año pasado fue la única modelo curvy de todo el casting oficial y se hizo casi la totalidad de desfiles. En algunos realizó hasta dos pases, lo que nos permitió ver dos vestidos de novia talla grande diferentes.

En la edición 76º Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (otoño 2023) Durán se alzó con el premio L’Oréal Paris a la mejor modelo tras desfilar en varios de los fashion show. A pesar de todo, en la reciente edición (febrero 2024) sólo ha desfilado para cinco de la treintena de colecciones presentadas. Y no, no ha sido sustituida por ninguna otra modelo curvy o plus size. Sencillamente, la cuota ha sido irrisoria.

La holandesa Jill Kortleve también es ese cupo que las firmas usan para mostrarnos su lado ‘body positive’; en su caso lo es de las pasarelas internacionales y alta costura de Paris. De hecho, es uno de los rostros favoritos y recurrentes de Chanel, donde la hemos visto vestida de novia para la colección FW 2022. Lo curioso es que Jill usa una talla 40. Obviamente, su presencia como supuesta modelo curvy desató ya hace un tiempo la polémica sobre los erróneos códigos que la sociedad y la moda imponen sobre los cuerpos. Y el sector escuchó, sí. Inventándose los términos ‘in between’ o ‘midsize’ para referirse ahora a una mujer de talla media.

Los triste y preocupante es que la famosa cuota de diversidad corporal lo que realmente esconde es la alteración en la percepción de la imagen de esas modelos y unas prendas que no encajan, porque si bien la etiqueta indica XL o XXL cuando miras la guía de talla con escasos los centímetros de diferencia o parten de medidas de por sí pequeñas. Son falsas tallas grandes.

La top model Jill Kortleve en el desfile de Chanel alta costura otoño-invierno 2022.

 

La modelo mallorquina Alicia Gutiérrez lo contó muy bien en una entrevista a Vogue: «Creo que todavía no ha habido un shooting en el que no me haya puesto alguna prenda que no me cerrase o no me fuese bien». Porque no, los showrooms no disponen de tallas medidas ni grandes para que los estilistas puedan usarlas en sus sesiones de fotos o looks de alfombra roja; de ahí que tiren de recursos como los vestidos de tejidos elásticos, sobreponer prendas o utilizar diseños ‘oversize’ como si ese tipo de patronaje fuese una talla más. Si una prenda es oversize tiene que quedar grande lleves la XS o 3XL.

Un ejemplo de esa falsa inclusión lo protagonizó Ceval Omar, que posó para el lookbook de la colección Zara x Barbie con looks que claramente le quedaban pequeños y no le favorecían en absoluto. Pero lo que estaba aún peor era que realmente la colección no tenía tallas grandes para la venta, y que las medidas de la modelo no se corresponde con las tallas reales del grupo Inditex. Aun así, Zara lanzó la campaña mostrando una supuesta diversidad e inclusión corporal que nada tiene que ver con lo que de verdad ponen a la venta.

Está claro que dar una solución única y estandarizada a todos los tipos de cuerpos es complicado, y está entre los mayores retos que afronta el sector de la moda, desde la fase de diseño y fabricación al retail. Hay firmas que incluso apelan a que no tienen mercado para ofrecer más tallas, cuando quizás la realidad es que no hay una intención empresarial para ampliar el tallaje ya que eso pasa por una inversión en patronaje y confección que no todos quieren o pueden afrontar. Tampoco sirve de mucho que las agencias de representación de modelos hayan ampliado su catálogo y ahora la sección especial ‘curvy’ tenga chicas maravillosas, si luego en una publicidad o pasarela aparece una, cuando mucho dos.

Tampoco me queda claro por qué el sector de la moda nupcial sigue renuente a mostrar una imagen menos estereotipada para demostrar que es capaz de cumplir el sueño de todas las novias. Primero porque las grandes firmas prêt-à-porter tienen la capacidad productiva para hacerlo y, de hecho, son varias las que ofrecen un rango más amplio en tallas de vestidos de novia (hay las que llegan hasta la 64 en modelos seleccionados), pero algunas lo hacen de puertas para adentro. Y segundo, porque los ateliers trabajan la confección a medida, por tanto, crean vestidos de novia ad hoc… Aunque luego ninguna lo refleje en su imagen de marca, o lo hagan tan tímida y puntualmente que no deja de ser más que una excepción. Un cupo dentro del canon único.

Lorena Duran en el fitting de Lorena Formoso 2024.
(Fotos, ©Lara Onac para Tendencias de Boda)

 

Y esta reflexión no es algo que solo opine yo. Hace unos días escuchaba en un podcast (puedes oír el clic aquí) a Leticia García, periodista de la revista SModa, responder a la pregunta de si creía de verdad que la moda es cada vez más inclusiva y diversa. Su respuesta fue clara: «No. Yo creo que lo es porque la gente la está haciendo más inclusiva y diversa, no porque las marcas lo estén haciendo». O sea, es la moda la que se ve presionada no la que lanza la oferta. Es como la fiebre, que en algún momento se pasa, y de la gran mayoría de firmas y diseñadores que en algún momento se apuntaron al movimiento curve, va quedando solo la estela.

Al final da igual cuántos adjetivos nuevos puedan ser capaces de poner las redactoras de los grandes grupos editoriales y las prescriptoras de tendencias para hablar de cuántas opciones para vestir tiene hoy en día una mujer gorda (o gordita, que suena más amigable), talla media o la que use, si luego no existe voluntad, coherencia y continuidad entre la intensión, el marketing de turno y la realidad en las tiendas.

La modelo Candice Huffine en el desfile de Christian Siriano otoño – invierno 2024, un diseñador que ha apostado por la diversidad corporal en todas sus colecciones y creaciones.

 

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