¿Has visto ‘Charlie y la fábrica de chocolate’?. La historia del niño (Charlie) que se gana un boleto dorado para visitar la fábrica de chocolates del Sr. Wonka. Tras tres años dedicándome a ser blogger de bodas, recibir la invitación personal de Pronovias para asistir, por primera vez, al fashion show de su desfile anual y al exclusivo brunch que nos tenía preparado el día anterior, ha sido como ganarme mi particular boleto dorado. Y no lo digo sólo como símil, también por la felicidad y emociones que viví.

En mis manos tenía un pase dorado que me llevó a Barcelona a la Sede central de Pronovias, pero en lugar de chocolate ante mí se abrió un universo nupcial de ilusiones con cientos de metros de las más exclusivas telas, encajes, plumas, cristales… todo recubierto de blanco en todas sus tonalidades. Y para mi sorpresa, o aún mayor ilusión, mi anfitrión no era otro que el propio director creativo de Pronovias, Manuel Mota. Lo confieso, a los treinta minutos de la visita cualquiera traza de objetividad desapareció de mí, porque aquella ‘Keyla niña’ que boceteaba vestidos de novia o corría a ver el escaparate de la tienda de novias del pueblo, estaba haciendo realidad sus sueños.

Durante la visita tuvimos acceso privilegiado a las instalaciones de Pronovias, conocimos los talleres donde las patronistas, modistas y costureras obraban su savoir faire, pudimos ver uno de los fittings o prueba de vestuario a una de las modelos del desfile, descubrimos en primicia algunos esbozos de la colección ‘La noit blanche’ 2012 de Pronovias y disfrutamos de un delicioso brunch en la terraza charlando sin parar con Manuel Mota, de corazón, el mejor anfitrión que se puede tener.

Qué decir, si en el vídeo se nota mi cara de tonta e ilusión. Manuel Mota ha sido un gran descubrimiento y no sólo por su talento como diseñador de moda, también por el carisma, simpatía y humildad que trasmite. Suena aduladora, lo sé. Quedé totalmente enamorada, qué le vamos a hacer jaja. Son muchas las anécdotas grabadas que me traigo de estas 48 horas junto a Pronovias.

En nuestras conversaciones Manuel Mota me confesaba que, al principio, pensó que se cansaría al segundo vestido porque «todo era blanco», pero tras 20 años al frente de la dirección creativa de la firma española sigue manteniendo la pasión e inspiración intacta. En su rincón hay cientos de bocetos delineados a mano con lápiz y rotulador que son el punto de partida de las colecciones que abarcan más de 200 vestidos de novia por temporada, y cuyo primer modelo se confecciona de forma artesanal en los talleres de Pronovias aquí en Barcelona; luego pasan al proceso de digitalización, indispensable para la comercialización, pero siempre realizados en España.

Pronovias sabe que no realizan un simple vestido de novia, sino que están confeccionando la ilusión y el sueño de una mujer para el día de su boda.

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