Una boda sin música es como ver una película sin la banda sonora que enmarca la trama. Gracias a la música somos capaces de expresar y evocar sentimientos y emociones, de ahí la importancia de elegir adecuadamente la música que sonará en cada momento del día de la boda, y de hacerlo –como premisa básica para cualquiera de los preparativos– siendo fiel a vuestra personalidad. Sí, elegir un repertorio más allá de los convencionalismos nupciales, pero teniendo la mesura para entender los momentos de mayor solemnidad (si es que en vuestra boda los habrá), para apostar por estilos musicales diferentes y/o donde tengan cabida vuestros gustos.

Si te casas por la iglesia, la elección de la música para la ceremonia estará condicionada por la propia liturgia que exige para ciertos momentos himnos y canciones de carácter religioso como el ‘Ave María’, ‘Aleluya’ o la ‘Marca nupcial’; aún así estas piezas clásicas pueden ser interpretadas de forma más actual, por ejemplo, con los sonidos de un solo de chelo o saxofón, o por las voces de un coro góspel o coro rociero. Además, y siempre que se tenga la complicidad del párroco, se pueden incluir otro tipo de piezas para un repertorio variado, pero siempre manteniendo esa atmosfera espiritual y romántica que amerita el momento.

Si te casas por lo civil, las opciones se disparan ya que no existe tradición ni protocolo que rija sobre la música en este tipo de ceremonia. Aun así, en las bodas más formales es común la elección de cuartetos de cuerda que interpreten música clásica o piezas de conocidas bandas sonoras; mientras que en las ceremonias más cosmopolitas se puede optar por la actuación de un violinista electrónico o un grupo vocal con repertorio pop (‘Moon river’, ‘Imagine’, ‘Ain’t no mountain high enough’, ‘Marry you’, ‘No puedo vivir sin ti’ o ‘La vida es Bella’, entre tantísimas más). También puedes incluir actuaciones de agrupaciones tradicionales como los coros rocieros o los gaiteros.

Para amenizar el cóctel de bienvenida, la opción conservadora es optar por una música suave y en un tono que permita la conversación entre los invitados y llene los vacíos como el jazz, chill out, bossa nova o pop suave; incluso, si se desea ser más pomposo, una orquesta de cámara que versione piezas de rock o bandas sonoras. Pero es a partir de este momento cuando más puedes romper los esquemas musicales de una boda, y apostar por cualquiera que sea el estilo musical que te guste: bandas de versiones (desde música de los 50 a 80 y 90 o de grupos míticos como The Beatles, Queen y Led Zeppelin, entre otros), grupos de música folk, country, klezmer, flamenco, percusión o de ritmos latinos… ¡y que empiece la fiesta!.

Una fiesta que continuará con el momento del baile, donde perfectamente puedes mezclar sesiones de DJ (con música electrónica, disco, reguetón y ritmos modernos varios) con música en directo con orquesta, bandas y grupos que hagan bailar y disfrutar a todos los invitados… incluso a la prima Gilda, la del pueblo.

 


Fotografía de portada cortesía ©Paula G. Furió

Comments

  1. Totalmente de acuerdo Keyla..

    Cada vez menos, pero no entiendo como muchas veces las parejas no se curran más el tema «música». Es un detalle más importante, una señal más de identidad.. Y lo más importante es que los invitados lo agradecen.. Doy fe de ello..

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