Quizás no lo has notado, quizás sí. He estado ausente durante muchos meses. Mi última publicación en Instagram es de junio, y en el blog si que entré esporádicamente a publicar par de editoriales superbonitas. No voy a negar que este año (sin adjetivo) somatizar o canalizar tantas cosas no es fácil. En momentos me he sentido desbordada y acosada con tanta sobreinformación, y no sólo por el tema “pandemia” también me han desbordado tantas noticias y noticieros, tantas normas cambiantes en bucle infinito… Mas tantas recetas, tantos ejercicios, tanto de la misma coreografía, tanto misterwonderfulismo, tanto de tanta red “¿social?”. Tanto de cara a mostrar, y tan poco de lo que de verdad (me) importa.

Tampoco he sabido encontrar esa mesura ideal para, en tiempos de pandemia, hablar sobre bodas. Y en tres días que llevo escribiendo y posteando una parte de mi aún se reprocha la banalidad. No me malinterpretes, porque no es un problema del tema, sino mío conmigo misma y mis sentimientos… y la situación de desequilibrio entre quienes van sin más y los que queremos seguir sí, ¡coño claro que sí!, pero haciendo las cosas diferentes, con la cautela de la época que nos toca vivir. Llámalo burbuja, selectivo, miedo, alarmismo. Todo me vale a estas alturas. Pero verás que no digo “hacer las cosas bien”, porque no pretendo debatir más con para quienes “bien” significa primar siempre su motivo, su justificación, su excusa, su absurdo por encima de…

La empatía es ponerse en el lugar del otro, no tan sólo decir “Oh que penita” ni poner la necesidad individual egoísta por delante. Empatía es saber dar la mano, sin más. (Gel hidroalcohólico mediante).

Pues eso, que no he encontrado la medida exacta para volver a dar voz a las bodas. Porque siendo realista, claro que todo en una boda es prescindible y banal y superficial. Pero a la vez es bonito, es ilusión, es alegría, es vivir, es amor, es esencia. Obviamente dependerá del prisma con que se mire, y el mío en este momento me dice que entre celebrar en multitud (por más que esa ‘multitud’ sean amigos y familia varia), bailar a destajo bien apiñados y beber como si no hubiera fin, me quedo con la versión intimista, en la que celebro sí, ¡coño si celebro!, pero elijo mejor con quien hacerlo, pongo una mesa al aire libre con distancia entre sillas, disfruto de la música en vivo sentada y sonriendo, o bailo, por qué no, pero en mi espacio de 2 metros cuadrados viendo al del frente disfrutar igual, hablo con mascarilla porque las carcajadas se siguen oyendo, y bueno –la putada, que no queda otra– me reprimo ese beso y ese abrazo para poder luego abrazar y besar a quien de verdad lo necesita, en el momento que de verdad se necesita. Tengo ya una cartilla con besos y abrazos pendientes de liquidar.

Con esto quiero decir, que entre celebrar un fiestón y celebrar una ‘boda’, me quedo con esta última.

«El Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa» (1434) de Jan van Eyck, retocado por el estudio de arquitectura y diseño POA Estudio para mostrar la nueva realidad tras el Covid-19.
(Foto portada, «A Galaxy Six Feet Away» (2020) del artista pop surrealista Alex Gross)

 

Pero vamos, que esto no es un sermón ni pretende ser un texto ejemplar. Esta simplemente soy yo y me decisión. Y por si te dieras por aludido/a y molestaran mis palabras, más que ir a comentarios a increparme, reflexiona para ti, y si al final te sientes bien contigo mismo y tu forma de actuar, chapó.

Vulnerable no es sólo aquella persona que entra en grupo de riesgo. Vulnerable no es sólo una estadística médica o de mortalidad. Vulnerable no es sólo aquello que se prefiere no ver. No está mal ser vulnerable, porque todos somos frágiles y finitos. Lo que está mal es la vulnerabilidad de creernos intocables, inmortales, imb… Por que sabes qué pasa, que esta pandemia no sólo es un tema de salud pública. Hace meses que también lo es de economía, de trabajo, de futuro incierto, de jodidos confinamientos, de gente a la que no puedes ver, de gente que ya no está (estos dos  son el significado real de «distanciamiento social» y no sentarnos a un metro de distancia), y de los valores que faltan para entender que una única irresponsabilidad individual puede afectar a toda la comunidad.

Al final si que solté mi reflexión. Te puedes saltar el párrafo ;D

Total, que he vuelto… o eso intento (que también tengo cosas de las mías, personales, por eso de darle más matices a este año).

Y vuelvo por un solo motivo: porque tengo tantos trabajos por compartir, de colaboradores tan increíbles, de profesionales tan guays, con tanto talento, ganas de trabajar, de cambiar las cosas, de aprovechar este forzado parón del sector nupcial para seguir apostando por él; de transformar, de volver a crear, de “nuevas bodas” (con el doble sentido literal), de hacer las cosas bien… ¡Uy que lo he dicho! jajaja.

Tan sólo disculparme si soy intensa, visceral. Disculparme si resulto banal. Si ni intereso. Disculparme si no apoyo a algunos lo suficiente o lo hago demasiado. Disculparme por no escribir “disculpadme”. Y, sobre todo, disculparme porque no he respondido a los e-mail… =/

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